Escucha esta Playlist tropical que armamos para ti!

 

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El paisaje en Santa Lucia.

 

 

Queremos compartirles un relato sobre la participación en un costurero, hace casi dos años, en una Zona de Transición de las FARC - EP en el municipio de Ituango, en el norte de Antioquia.

Esta experiencia nos generó una nueva perspectiva y nos permitió comprender con mayor profundidad la realidad de este país. Aprendimos que se nos vuelve algo muy fácil y sencillo hablar desde nuestro lugar en el mundo, que muchas veces es un lugar muy privilegiado y que desconoce los otros contextos que existen.

*En el momento en el que escribimos esta historia, el contexto de nuestro país era muy diferente al actual. Sin embargo, esto solo nos deja más motivos para aprender y reflexionar.

 

En el norte del municipio de Ituango, en la vereda Santa Lucía, se localiza uno de los espacios territoriales de capacitación y reincorporación que hasta el 1 de agosto fueron llamadas Zonas Veredales Transitorias de Normalización. Allí se encuentran ahora ex-miembros del frente 18 de las FARC – EP.

 

En un principio estas zonas se plantearon como lugares en donde excombatientes podrían capacitarse técnicamente y comenzar una reincorporación a la vida civil; lamentablemente aún se ve el abandono del gobierno en este territorio y, aparte de terminar sus estudios de bachillerato y hacer algunos trabajos en el campamento, estos colombianos no tienen variedad de oportunidades. Muchos han salido de la zona para reencontrarse con sus familias, otros han viajado a realizar cursos de seguridad que el gobierno les ha ofrecido y algunos se van en busca de nuevas oportunidades en las ciudades.

 

Este frente ha tenido contacto con indígenas Emberá katío y es de esta comunidad que  Patoso, uno de los excombatientes, ha aprendido la técnica de sus tejidos con mostacillas. Cuenta él que alguna vez mientras el comando se encontraba en el resguardo indígena San Matías, un indígena los recibió en su hogar. Patoso, muy interesado en el trabajo que realizaba éste hombre, le pidió chaquiras y mientras lo veía trabajar aprendió la técnica del tejido con telar. Más tarde comenzó su primer tapapechos y continuó después todo su proceso de forma autodidacta.

 

Patoso  it

 

Sus compañeros del frente 18 aprendieron viéndolo trabajar y  buscando diseños en internet cada uno comenzó a crear nuevos y más complejos diseños; ahora tejen tapapechos, gargantillas, pulseras y aretes.

 

Liney, ex combatiente también del frente 18 aprendió la técnica, y además de tejidos con mostacillas realiza balacas tejidas con hilo usando la técnica del macramé y quiere comenzar, también, la fabricación de mochilas.

 

Liney    Liney tejidos

 

Nicolas Bedoya, periodista que ha registrado todo el proceso de paz para la zona durante 2 años, les ha ayudado a gestionar una buena cantidad de material para que sigan trabajando la técnica de los tejidos con chaquiras. Durante sus charlas y exposiciones le cuenta al público como es la cotidianidad de estos excombatientes que por medio de oficios diferentes tratan de tener un comienzo distinto y dar un paso hacia una vida tranquila, sin miedos, sin armas, con otras posibilidades.

 

Con ayuda de Conejo, un joven de 22 años que ahora busca terminar su bachillerato y conseguir un trabajo que le permita construir una familia pude realizar un costurero en el campamento de este frente. Allí estuvo Liney, Patoso y Doris, otra de sus compañeras del movimiento, y una profe que les enseña Ciencias Naturales, Español y Matemáticas. Durante 3 horas compartimos conocimientos, historias y la hermosa vista del lugar.

 

 

En esta tarde de tejidos y conversaciones también tuvimos silencios, no eran silencios incómodos, era el silencio que llega cuando se teje: la calma en la mente y la meditación que comienza con la concentración que requiere todo acto de creación.

Este tipo de actividades que potencian la creatividad y la conexión entre cerebro, corazón y manos, pueden llegar a ser una gran herramienta en el proceso de estos colombianos que a diferencia de muchos, han tenido una vida llena de dificultades y carente de oportunidades.

Muchos de ellos quieren seguir tejiendo y, tal vez, llegar a organizarse para sacar la marca ¨Manos de Paz¨, uno de los nombres que ya se tiene en consideración para el proyecto.

 

Costurero

 

Fotografías y texto.

 

Valentina Hernández Vélez.